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Siega verde (Verd madur), película basada en la novela homónima de Joan Viròs, ambientada en los Pirineos catalanes dónde lo indicado es el uso de la lengua propia de esa zona. A pesar de ello, pocas copias de la película se conservan, teniendo conocimiento de dos de ellas, la que está en los archivos de la Filmoteca de Catalunya y la que se encuentra en el EcoMuseu del Pallars, siendo los derechos de la familia del autor de la novela. Ambas copias en cuestión no están en versión original, si no que son de una posterior (1967), cuando se doblo al catalán, una chapuza que deja peor el film, ya que ese doblaje tampoco representa en ningún momento la cultura de la zona, al usar el catalán central en vez del noroccidental (concretamente el pallarés), y por ello es una lástima no poder disfrutar de la película en versión original.
Dejando los problemas dialectales a parte, el film nos cuenta una historia bastante simple: una pareja de enamorados que no pueden estar juntos a causa de las diferencias sociales. Poco podemos destacar de esa simpleza, pero el film no esta vacío de interés, ya que de él podemos conocer la vida, costumbres y tradiciones de una época y una zona en ocasiones alejada de nuestro campo de conocimiento, algo que el metraje sabe reflejar muy bien y con fidelidad al realismo, eso sí, dentro de su imaginario romántico heredero del cine hollywoodense.
La película le debe todo su potencial a la fotografía, que ha sabido captar la belleza de un lugar asilvestrado del cual es imposible no enamorarse. El film concretamente a sido rodado en las localizaciones de La Vall d'Arán y l'Alt Pallars, zona que por desgracia ha sido noticia estos días a causa de los incendios que han calcinado parte del territorio.
Su banda sonora también fue erudita para la época. Premiada por el circulo de escritores cinematográficos, es un trabajo compuesto por Xavier Montsalvatge, figura clave de la música española, que además es noticia este mes al cumplirse el centenario de su nacimiento. Recomendamos a cualquiera que esté interesado en conocer mejor su obra y vida que visione el documental Mig violí, una butaca i un piano.
En conclusión, una película que a pesar de su flaco nivel narrativo, se convierte en un trabajo interesante gracias a su transformación en una ventana que invita a un escape de hora y media, a una de las zonas más hermosas de nuestro país.